Mostrando entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chile. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de noviembre de 2009

Ciudadanía Paranoica

Hoy, primer día del mes de noviembre me he sorprendido en la ventana de la cocina en una especie de “déjà vu”.

Hace diez años vivía en Santiago de Chile. Un apartamento pequeño y coqueto en una calle pequeña y tranquila del “Pequeño Manhattan”, en la Comuna de Las Condes. En aquellos días fumaba, y tenía un área para hacerlo: la terraza del apartamento. Es un buen lugar para hacerlo ya que completa la intoxicación por los humos de las labores del tabaco con las curiosidades de tus vecinos.
He de decir, que frente a aquel apartamento había un edificio de cristales espejados, que reflejaba el nuestro, por lo que la visión desde mi terraza era virtual y reflejada en vez de real y directa. No pasa eso en mi actual casa, pero si en aquella.
En aquellos días de noviembre, estaba totalmente embutido en las apreturas del cambio de milenio, del apocalipsis del año dos mil y otras cuestiones similares. Responsable del proyecto de adecuar los productos para los clientes de la empresa en la que trabajaba, la tensión se mascaba aún cuando contábamos con un gran equipo de profesionales que nos soportaban, algunos de los cuales aún cuento como amigos.
La situación ante el cambio de milenio era paranoica. Era como la visión de mi edificio, virtual e inversa. Todos nos veíamos ante el fin de los días y, lo que es lo peor, se produciría al inicio de las vacaciones de verano (recordad que es el Hemisferio Sur).
En noviembre ya teníamos calor en Santiago, y como hoy en día en Madrid, la temperatura rondaría sobre los veintitantos grados.
La histeria de la ciudadanía la mantenía agazapada, acumulando latas y garrafas para el fin del mundo, la guerra consiguiente y los males apocalípticos que pudieran venir. Los que trabajábamos en el problema del Y2K, como se le llamó en aquel entonces, o el mal del milenio, estábamos algo más tranquilos ya que sabíamos que lo nuestro no fallaría (y no falló), y la cantidad de esfuerzo de otros como nosotros en resolver la situación.
Pero el resto de la ciudadanía vivía en la paranoia. Como hoy, en la que la ciudadanía está agazapada, callada, viendo venir los acontecimientos, esperando que sean otros los que resuelvan el problema, los problemas que tenemos, y que no son solo económicos.
No dudo que vendrá el frio (como todos los años), que se resolverá esta crisis (como todas las crisis), que ganará el Atlético (esto es fe) y que tendremos la oportunidad de que nos rompan las ilusiones una vez más en todos los ámbitos del estado (municipal, comunidad y nacional) por cuatro años más, y que volverá después el calor, otra crisis, perderá el Atlético y volveremos a ilusionarnos con los partidos políticos.
Lo bueno es que como hace diez años, yo no estoy paranoico y tengo amigos en los que apoyarme para hacer que las cosas mejoren.
¡Gracias, amigos!
PD – Si no llega el invierno, no hay nada como unas aceitunas con un cubata para cambiar de año. 

viernes, 10 de abril de 2009

Te recuerdo, Amanda

Una entrada en la bitácora de un amigo, me ha hecho recordar las conexiones entre lugares y canciones, y entre las canciones y los hechos históricos.

La historia no es sólo esas grandes hazañas y los grandes hombres que salpican nuestro acervo cultural. La historia es nuestro recuerdo difuso de como eran las cosas, y la suma de todos nuestros recuerdos es la que nos muestra cómo eramos y como somos.

En 1998 me mudé a Chile a trabajar (sí, he sido emigrante) justo una semana más tarde de que detuviesen a Pinochet, y para ser sincero, fue una experiencia agridulce, pues aprendí lo que es el rechazo, lo que es la ceguera humana que hace que la parte represente el todo.

Allí conocí a buenos amigos, y a otras gentes, pero lo más importante es que hasta el 2001, en el que nos marchamos, pude disfrutar de muchas imágenes que aún permanecen vívidas en mi memoria.

No conocí La Moneda hasta un día lluvioso. Uno no se puede imaginar lo dura que es esa plaza en invierno, o nublado, o sin sol. Ha habido muchos onces de septiembre, y en uno de ellos, la plaza se llenó de fuego, metralla y sangre, haciendo sumirse a Chile en unos años de plomo. Por desgracia para Nino Bravo, su canción "Libre" fue escogida por la plúmbea maquinaria para mostrar de un modo goebbeliano la libertad que decían dar cuando la gran parte del país se defendía de tan pesado regalo. La letra y el momento no coinciden, al menos para mi.

No conocía a Víctor Jara (entono el mea culpa) pero ese día de visita, escuché "Te recuerdo, Amanda", y se convirtió en la banda sonora de esa plaza, para siempre, y de ese momento imaginado en mi cabeza veintiséis años después. Quizás la calle mojada, y el destino de Manuel se juntasen para recordarlo.

Me ha pasado lo mismo con otras canciones, y lugares: un pueblo del altiplano llamado wata-hata y la canción del Los Kjarkas, "El Jilguero Flores", o la autopista 85 camino de Philadelphia y "Born to be Wild".

Sea como sea, sería bueno que nos hiciésemos un CD con todas esas canciones, para que en un futuro, y cuando nuestras memorias empiecen a fallar, seamos capaces de recuperar esos momentos en los que nos unimos a un lugar, y a un momento con una canción.