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sábado, 19 de diciembre de 2009

Tres días, veintitantos años después.

Hace ya veintitantos años que andaba yo estudiando ese bachillerato que nos abría las puertas a la universidad. Estaba en el tercer año de ese bachillerato unificado y polivalente y compartía mesa con un chico delgado y rubio, de ojos azules con el que me complementaba: éramos amigos.

Colegiata_de_San_Isidro_(Madrid)_01 Nuestra amistad nos llevaba a compartir cintas de casete, con los éxitos de Wham!, música pop ochentera y otros placeres musicales que hacen que formes parte de un grupo. No vivíamos en el mismo barrio, pero cogíamos el mismo autobús y eso era casi lo mismo.

Mi amigo tenía (y tiene) una hermana que me hacía tilín, y recuerdo que me planteó uno de mis primeros dilemas éticos: mi amigo o su hermana.

Recuerdo que estuve varios días dándole vueltas al asunto, y que mi amigo se mosqueó por lo perdido que estaba, pero no podía decirle nada. Un verdadero dilema.

La cosa se acabó resolviendo de un modo más o menos natural. Lo que el razonamiento no permite, las hormonas empujan, y acabé lanzándome (más o menos) ante esa chica que tan nervioso me ponía.

Esa misma tarde, le conté a mi amigo que estaba con su hermana, y me sorprendió diciendo que no le importaba. ¡Yo pensando que era una traición, y él me dice que “vale”!

Dos intensos, hormonalmente hablando, días después, mi breve relación con ella terminó. Por todo o por nada, la verdad es que no era una relación que pudiese llegar a nada más que a lo que llegó, por lo que fue bella y plena.

Años más tarde, pasando por su calle recordé aquellos tres días, y unas semanas más tarde llamó a mi puerta como si fuese ayer que nos habíamos visto, como la hermana de mi amigo, al que le tengo perdida la pista, pero que si he de volver a ver, así será.

Hoy he estado chateando con ella un rato, hablando de esto y de aquello, pero no como adolescentes, sino como los adultos que somos, padres de familia y me he sonreído recordando aquellos tres días, veintitantos años después.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Ciudadanía Paranoica

Hoy, primer día del mes de noviembre me he sorprendido en la ventana de la cocina en una especie de “déjà vu”.

Hace diez años vivía en Santiago de Chile. Un apartamento pequeño y coqueto en una calle pequeña y tranquila del “Pequeño Manhattan”, en la Comuna de Las Condes. En aquellos días fumaba, y tenía un área para hacerlo: la terraza del apartamento. Es un buen lugar para hacerlo ya que completa la intoxicación por los humos de las labores del tabaco con las curiosidades de tus vecinos.
He de decir, que frente a aquel apartamento había un edificio de cristales espejados, que reflejaba el nuestro, por lo que la visión desde mi terraza era virtual y reflejada en vez de real y directa. No pasa eso en mi actual casa, pero si en aquella.
En aquellos días de noviembre, estaba totalmente embutido en las apreturas del cambio de milenio, del apocalipsis del año dos mil y otras cuestiones similares. Responsable del proyecto de adecuar los productos para los clientes de la empresa en la que trabajaba, la tensión se mascaba aún cuando contábamos con un gran equipo de profesionales que nos soportaban, algunos de los cuales aún cuento como amigos.
La situación ante el cambio de milenio era paranoica. Era como la visión de mi edificio, virtual e inversa. Todos nos veíamos ante el fin de los días y, lo que es lo peor, se produciría al inicio de las vacaciones de verano (recordad que es el Hemisferio Sur).
En noviembre ya teníamos calor en Santiago, y como hoy en día en Madrid, la temperatura rondaría sobre los veintitantos grados.
La histeria de la ciudadanía la mantenía agazapada, acumulando latas y garrafas para el fin del mundo, la guerra consiguiente y los males apocalípticos que pudieran venir. Los que trabajábamos en el problema del Y2K, como se le llamó en aquel entonces, o el mal del milenio, estábamos algo más tranquilos ya que sabíamos que lo nuestro no fallaría (y no falló), y la cantidad de esfuerzo de otros como nosotros en resolver la situación.
Pero el resto de la ciudadanía vivía en la paranoia. Como hoy, en la que la ciudadanía está agazapada, callada, viendo venir los acontecimientos, esperando que sean otros los que resuelvan el problema, los problemas que tenemos, y que no son solo económicos.
No dudo que vendrá el frio (como todos los años), que se resolverá esta crisis (como todas las crisis), que ganará el Atlético (esto es fe) y que tendremos la oportunidad de que nos rompan las ilusiones una vez más en todos los ámbitos del estado (municipal, comunidad y nacional) por cuatro años más, y que volverá después el calor, otra crisis, perderá el Atlético y volveremos a ilusionarnos con los partidos políticos.
Lo bueno es que como hace diez años, yo no estoy paranoico y tengo amigos en los que apoyarme para hacer que las cosas mejoren.
¡Gracias, amigos!
PD – Si no llega el invierno, no hay nada como unas aceitunas con un cubata para cambiar de año. 

viernes, 10 de abril de 2009

Te recuerdo, Amanda

Una entrada en la bitácora de un amigo, me ha hecho recordar las conexiones entre lugares y canciones, y entre las canciones y los hechos históricos.

La historia no es sólo esas grandes hazañas y los grandes hombres que salpican nuestro acervo cultural. La historia es nuestro recuerdo difuso de como eran las cosas, y la suma de todos nuestros recuerdos es la que nos muestra cómo eramos y como somos.

En 1998 me mudé a Chile a trabajar (sí, he sido emigrante) justo una semana más tarde de que detuviesen a Pinochet, y para ser sincero, fue una experiencia agridulce, pues aprendí lo que es el rechazo, lo que es la ceguera humana que hace que la parte represente el todo.

Allí conocí a buenos amigos, y a otras gentes, pero lo más importante es que hasta el 2001, en el que nos marchamos, pude disfrutar de muchas imágenes que aún permanecen vívidas en mi memoria.

No conocí La Moneda hasta un día lluvioso. Uno no se puede imaginar lo dura que es esa plaza en invierno, o nublado, o sin sol. Ha habido muchos onces de septiembre, y en uno de ellos, la plaza se llenó de fuego, metralla y sangre, haciendo sumirse a Chile en unos años de plomo. Por desgracia para Nino Bravo, su canción "Libre" fue escogida por la plúmbea maquinaria para mostrar de un modo goebbeliano la libertad que decían dar cuando la gran parte del país se defendía de tan pesado regalo. La letra y el momento no coinciden, al menos para mi.

No conocía a Víctor Jara (entono el mea culpa) pero ese día de visita, escuché "Te recuerdo, Amanda", y se convirtió en la banda sonora de esa plaza, para siempre, y de ese momento imaginado en mi cabeza veintiséis años después. Quizás la calle mojada, y el destino de Manuel se juntasen para recordarlo.

Me ha pasado lo mismo con otras canciones, y lugares: un pueblo del altiplano llamado wata-hata y la canción del Los Kjarkas, "El Jilguero Flores", o la autopista 85 camino de Philadelphia y "Born to be Wild".

Sea como sea, sería bueno que nos hiciésemos un CD con todas esas canciones, para que en un futuro, y cuando nuestras memorias empiecen a fallar, seamos capaces de recuperar esos momentos en los que nos unimos a un lugar, y a un momento con una canción.

lunes, 26 de enero de 2009

Boddis en la nevera


Hace un poco más de diez años que no sabía de un viejo amigo, salvo alguna llamada y algún correo escaso, cruzado en este tiempo.

Ayer, gracias a Facebook, me lo encontré de nuevo en esta sala virtual que es Internet, y me acordé de la cantidad de cervezas, de café y de pasta que hemos tomado juntos en mi apartamento de Atlanta. Pero lo que más he echado de menos de él, no ha sido esa relación de fraternidad viril que dos hombres jóvenes y solteros pueden establecer en sus correrías por una ciudad un poco alocada en aquella época, hablo de la legislatura de Clinton, las Olimpiadas y la euforia colectiva que estaba instalada.

Mi amigo, arquitecto de formación y artista de corazón, estaba cual crisálida en una transformación interior que le era necesaria. Una transformación que le ha convertido en el artista que es hoy en día.

Si algo tuvo aquella transformación es que, me ayudó a mantenerme centrado en una oportunidad única para perderme, y no porque actuase a modo de Pepito Grillo, aconsejándome en lo que es bueno o malo, sino tan solo con su ejemplo. Un ejemplo de trabajador incansable que hacía más de un turno todos los días para salir adelante en un país como es EEUU, en el que si tienes todo de cara, es muy bueno para vivir, pero que no te permite el más mínimo desliz, bajo riesgo de acabar en el fondo del avismo.

Ese ejemplo de madurez, y fortaleza me ayudó a valorar una amistad que a veces echo de menos, como echo de menos aquellas "Boddis" que siempre había en la nevera, o aunque parezca mentira aquella cafetera de los chinos que tenía trucada para hacer un café que se pareciese al que se tomaba en España.

Me alegro de haberle encontrado.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Facebook (o por los amigos perdidos)

Últimamente, unos trece meses, no he escrito nada en este blog, por falta de ideas, falta de tiempo, y otro tipo de faltas que no vienen a cuento.

La verdad es que ha sido un viejo amigo el que me ha "activado" de nuevo: el escritor Juan Pedro Molina.

Juan Pedro y yo estudiamos juntos el Bachillerato, cuando aquello era aún algo. No digo que hoy no lo sea, pero en aquella época, el Bachillerato era una demostración de que te estabas convirtiendo en adulto (o así lo creíamos).

Nos vimos (¿o nos encontramos?) en un par de ocasiones en la Gran Vía de Madrid. Luego me puse a trabajar, me marché de España (sí, he sido inmigrante allá donde fui), volví, y perdí el contacto con mucho de mi pasado.

Es ahora donde aparece Facebook, y aparece como una herramienta más que empleo para recuperar y mantener las relaciones que he ido haciendo por el mundo. Juan Pedro apareció de golpe buscando a antiguos compañeros de estudios, y he de decir que me alegré de encontrarle, y aún más cuando me aceptó la conexión.

Las redes sociales no nos encierran en casa, impidiendo el contacto con los demás, sino que nos abren un modo de contacto más.

Bien por las redes sociales.

Espero que más, pronto

PD1 - Para que no parezca que hago proselitismo de Facebook, diré que también pertenezco a LinkedIn, Plaxo y Xing, aunque estas tienen un enfoque más profesional.

PD2 - Para aquellos que lo deseen les recomiendo el blog de Juan Pedro: