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domingo, 2 de mayo de 2010

Zombis DS

zombi3 Se que llevo mucho tiempo sin escribir ni una línea, pero puedo decir en mi descarga, que me he dedicado en cuerpo y alma a otras cosas que me han absorbido el tiempo y “el ánima”.

Saco unos minutos para escribir estas líneas para compartir un pequeño suceso. Como muchas cosas en la vida, tendemos naturalmente a la complejidad como una respuesta a la cosas más simples.

Hoy, saliendo con la familia a comer, he podido ver en un escaparate una copia de “La noche de los muertos vivientes” de G.A.Romero. Esta excelente película puede hacernos reir hoy con los movimientos “descerebrados” de los zombies en su búsqueda de carne humana con la que alimentarse.

Andaba yo en estas cábalas cuando un muchacho de la edad de mi hijo vino a chocar conmigo mientras jugaba su partida en una Nintendo DS. No ha sido un choque grave, y más allá del momento de interrupción sobre la partida, no creo que suponga para el crio nada. Otro choque más en el día a día de un Zombi DS.

Y no era el único. A la hora de jugar, los chicos adquieren un andar extraño. Similar al de un zombi sin bamboleo, pero sin rumbo fijo. He podido detectar al menos a tres chicos más, con la misma afección.

Creo que he descubierto un nuevo pasatiempo: contar Zombis DS. 

sábado, 19 de diciembre de 2009

Tres días, veintitantos años después.

Hace ya veintitantos años que andaba yo estudiando ese bachillerato que nos abría las puertas a la universidad. Estaba en el tercer año de ese bachillerato unificado y polivalente y compartía mesa con un chico delgado y rubio, de ojos azules con el que me complementaba: éramos amigos.

Colegiata_de_San_Isidro_(Madrid)_01 Nuestra amistad nos llevaba a compartir cintas de casete, con los éxitos de Wham!, música pop ochentera y otros placeres musicales que hacen que formes parte de un grupo. No vivíamos en el mismo barrio, pero cogíamos el mismo autobús y eso era casi lo mismo.

Mi amigo tenía (y tiene) una hermana que me hacía tilín, y recuerdo que me planteó uno de mis primeros dilemas éticos: mi amigo o su hermana.

Recuerdo que estuve varios días dándole vueltas al asunto, y que mi amigo se mosqueó por lo perdido que estaba, pero no podía decirle nada. Un verdadero dilema.

La cosa se acabó resolviendo de un modo más o menos natural. Lo que el razonamiento no permite, las hormonas empujan, y acabé lanzándome (más o menos) ante esa chica que tan nervioso me ponía.

Esa misma tarde, le conté a mi amigo que estaba con su hermana, y me sorprendió diciendo que no le importaba. ¡Yo pensando que era una traición, y él me dice que “vale”!

Dos intensos, hormonalmente hablando, días después, mi breve relación con ella terminó. Por todo o por nada, la verdad es que no era una relación que pudiese llegar a nada más que a lo que llegó, por lo que fue bella y plena.

Años más tarde, pasando por su calle recordé aquellos tres días, y unas semanas más tarde llamó a mi puerta como si fuese ayer que nos habíamos visto, como la hermana de mi amigo, al que le tengo perdida la pista, pero que si he de volver a ver, así será.

Hoy he estado chateando con ella un rato, hablando de esto y de aquello, pero no como adolescentes, sino como los adultos que somos, padres de familia y me he sonreído recordando aquellos tres días, veintitantos años después.