Mostrando entradas con la etiqueta limpieza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta limpieza. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de noviembre de 2009

Soluciones para los problemas de incontinencia

Es mucho lo que ha avanzado la ciencia médica, solucionando los problemas de incontinencia de diversos modos, y paliando los efectos de dicha dolencia.
712590_92315386Pañales o compresas de todo tipo y tamaño pueden encontrarse en dispensarios, centros médicos, hospitales y despachos de farmacia. Estos, puestos a disposición de la sociedad incrementa la calidad de vida de sus miembros.
Pero, aunque la industria de la celulosa nos ha provisto de tan útiles herramientas, no ha sido capaz de proporcionar a la sociedad de un remedio que disminuya los efectos de otro tipo de incontinencia: la verbal.
Todos sabemos lo dados que están siendo personajes públicos y portavoces varios en excretar en modo de sentencias lo que no ha más que insultar a las medianas inteligencias que conformamos el promedio de esta sociedad. No quiero imaginarme cuanto han de sufrir las mentes más preclaras del país, que han de tener más sensible el sentido.
Espero que encuentre pronto la industria solución a tanta prédica y discurso que nos permita contener los humores no compatibles con una sociedad como la nuestra: democrática.

jueves, 15 de octubre de 2009

Limpieza urgente

Ya llevo varios días que no escribía nada en el blog, pero he estado demasiado centrado en otros temas que me han impedido escribir algo que mereciese la pena. Sin embargo, anoche sucedió que el bloque de pisos de la cuadra de al lado a la mía sufrió un percance.
En el último piso de la esquina más próxima al mío se produjo un incendio de grandes dimensiones. Los gritos de los chicos que desde la calle lo habían detectado parecían los de una reyerta, y como el ser humano es un animal curioso, me asomé por la ventana de la cocina para conocer el motivo de tal escandalera.
Los gritos eran ininteligibles, pero tres o cuatro minutos más tarde, el sonido de las sirenas de los bomberos dejaba claro que la cosa era más seria. Vuelvo a asomarme, esta vez desde mi salón y es entonces cuando puedo ver el resplandor naranja de una lengua de fuego que ansiaba extenderse más allá de donde estaba.
Las cabezas de mis vecinos recortadas contra las llamas emitían una banda sonora de comentarios sobre los posibles orígenes: que si puede ser un laboratorio de éxtasis, que si en ese piso vivían inmigrantes, que si esto, que si aquello… Busco en la prensa: mucho público, poco periodista urbano… Sin noticias. Deduzco que es un incendio de esos que se producen todos los días en todas las ciudades y que pasan sin pena ni gloria: no tienen víctimas más que frazadas, colchones, sábanas, libros, recuerdos y la vida, que no el alma, de los habitantes.
Lo que me impresionó más es que al finalizar la película que estaba empezando a ver cuando el tumulto llamó mi atención, no había ni bomberos, ni policía, ni sanitarios. Sólo la cuadrilla del Servicio de Limpieza Urgente podría hacer pensar que allí había pasado algo.
Este batallón de limpieza pasan la mopa y el paño por la ciudad para que no quede nada, nada que pueda ser un peligro para la ciudadanía, pero nos hurtan los efectos de la historia. No hay restos, no hay evidencias, no hay modo de investigar.
No sé si cuando salga dentro de un rato, camino del colegio de mis hijos me encontraré la fachada pintada y la carpintería metálica arreglada por parte de estos fanáticos de la Limpieza Urgente.
Lástima que no tengan métodos de limpieza para según qué cosas.