Esta tarde estuve un buen rato ordenando fotos en el ordenador. La gestión de las fotos la hago con digiKam, que es una aplicación que funciona en Linux. Como a su vez estaba viendo (mejor oyendo) "Perdidos" en el laptop he impedido a mi hijo mayor jugar con sus juegos en red de Cartoon Network.
Lo curioso es que creía que tenía a mi hijo seguro, tras haberle explicado que es lo que tiene que hacer cuando salga algo en pantalla "que no sea para niños". Cuando he ido a teclearle la URL, he visto en las opciones del navegador que aparecía alguna que "no era para niños".
Le he preguntado por las URLs y me ha dicho que cuando le aparecen cosas "que no le gustan", las cierra. Por el momento es responsable, pero no tiene porque verse atacado por este tipo de webs.
Lo curioso: la mayoría se producen mientras juega en páginas de contenido infantil.
No soy un pacato, y creo que si nacemos desnudos, no podemos decir que la desnudez sea mala. Si mi hijo ve una señora estupenda tal y como vino al mundo no creo que sea un problema, salvo que lo sea para él. Deduzco por sus explicaciones que no le parece un problema, pero que le incomoda el asunto, así que he decidido instalar un filtro en el navegador.
Como usuario de Firefox tengo la opción de instalarle un buen filtro para la navegación. Este filtro, FoxFilter, analiza el contenido de la página que se va a visionar y la bloquea si contiene alguna palabra que esté en la lista de palabras prohibidas, mostrando un aviso que indica que la página está bloqueada.
Empleando el histórico del navegador de mi hijo, recuperé las URLs que incomodaban e hice una prueba resultando que sólo cuatro de ellas no fueron filtradas por defecto dado que empleaban el español y los términos no estaban registrados. La solución es tan sencilla como incluir los términos en la lista de términos a bloquear y 99% de efectividad, pues otra URL empleaba gráficos para los textos y no se podían escanear. La solución: bloquear la URL.
No me preocupa la navegación, me preocupa su seguridad, y sobre todo que le hayan aparecido las páginas de adultos cuando estaba en páginas para niños. El histórico del navegador no engaña.
PS - Supongo que para Explorer debe haber algo, pero os recomiendo claramente el empleo de Firefox por la calidad del producto, y los añadidos disponibles.
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domingo, 17 de mayo de 2009
lunes, 29 de diciembre de 2008
Libertad de elección en el software
He leido esta mañana en el "blog" de Azag una entrada sobre la elección de software libre frente al software privativo.
Soy usuario de software libre porque no creo que sea correcto tener instalado un Windows "pirata" cuando puedes instalados otros sistemas operativos que funcionalmente me permiten hacer lo mismo.
Como no voy a entrar en el debate de si software libre o privativo, pues es equivalente a entrar a discutir sobre martillos de una marca o de otra, paso a exponer lo que pienso sobre la "libertad de elección".
Para poder elegir es necesario tener y conocer las opciones que existen . Hoy en día es muy difícil poder "elegir" software para un usuario corriente dado que el mercado ha aceptado como norma la preinstalación de software cuando compramos hardware, y sólo tenemos una opción en la mayoría de los casos (con lo que la elección no es posible). Por otro lado los fabricantes, de hardware, se han “acostumbrado a descargan” parte de la funcionalidad que debería desarrollar el hardware en el software que lo acompaña (normalmente sólo para Windows), haciendo imposible su uso de otro sistema operativo con su hardware. Esto sucede con el hardware de gama más bajas (y por ello más baratas y con mayor difusión), dado que los de gama media y alta se destinan a un publico más especializado y que busca prestaciones concretas.
Dado que la industria ha llegado a un acuerdo entre los proveedores de hardware y algunos de software, creo que para que exista libertad de elección para los consumidores y usuarios, esta ha de ser impulsada desde los organismos de Consumo, que deben velar por que los consumidores (técnicos o no) tengan a su disposición alternativas que les permitan decidir que necesitan y quieren. Mientras no se obligue a presentar opciones variadas a los consumidores, la cosa quedará como está.
En el caso de los usuarios profesionales (empresas, autónomos y profesionales liberales) estaríamos desde la opción de un consumidor corriente a necesidades muy específicas que deben ser tratadas caso a caso. Es en este punto donde (como profesional) he encontrado siempre que es muy difícil poder encontrar la información correcta sobre las capacidades de cada producto y opción (hasta el punto de ser necesario a veces realizar estudios concretos sobre cada producto), o esta información es tan cara que está fuera del alcance el obtenerla.
Como ya me he extendido bastante, diré que el software libre es tan bueno y tan malo como lo puede ser el software privativo, aunque debido a la enorme bateria de “probadores” que tiene detras, hay opciones de software libre que son muy superiores a sus equivalentes privativos. Esto no es generalizable, pues cada aplicación tiene unas características propias que han de ser analizadas en cada caso, y lo que puede ser adecuado para un usuario, sería totalmente inoperante para otro.
Es en la accesibilidad a la información sobre los productos y los productos mismos, en los que podemos establecer nuestra libertad de elección.
Soy usuario de software libre porque no creo que sea correcto tener instalado un Windows "pirata" cuando puedes instalados otros sistemas operativos que funcionalmente me permiten hacer lo mismo.
Como no voy a entrar en el debate de si software libre o privativo, pues es equivalente a entrar a discutir sobre martillos de una marca o de otra, paso a exponer lo que pienso sobre la "libertad de elección".
Para poder elegir es necesario tener y conocer las opciones que existen . Hoy en día es muy difícil poder "elegir" software para un usuario corriente dado que el mercado ha aceptado como norma la preinstalación de software cuando compramos hardware, y sólo tenemos una opción en la mayoría de los casos (con lo que la elección no es posible). Por otro lado los fabricantes, de hardware, se han “acostumbrado a descargan” parte de la funcionalidad que debería desarrollar el hardware en el software que lo acompaña (normalmente sólo para Windows), haciendo imposible su uso de otro sistema operativo con su hardware. Esto sucede con el hardware de gama más bajas (y por ello más baratas y con mayor difusión), dado que los de gama media y alta se destinan a un publico más especializado y que busca prestaciones concretas.
Dado que la industria ha llegado a un acuerdo entre los proveedores de hardware y algunos de software, creo que para que exista libertad de elección para los consumidores y usuarios, esta ha de ser impulsada desde los organismos de Consumo, que deben velar por que los consumidores (técnicos o no) tengan a su disposición alternativas que les permitan decidir que necesitan y quieren. Mientras no se obligue a presentar opciones variadas a los consumidores, la cosa quedará como está.
En el caso de los usuarios profesionales (empresas, autónomos y profesionales liberales) estaríamos desde la opción de un consumidor corriente a necesidades muy específicas que deben ser tratadas caso a caso. Es en este punto donde (como profesional) he encontrado siempre que es muy difícil poder encontrar la información correcta sobre las capacidades de cada producto y opción (hasta el punto de ser necesario a veces realizar estudios concretos sobre cada producto), o esta información es tan cara que está fuera del alcance el obtenerla.
Como ya me he extendido bastante, diré que el software libre es tan bueno y tan malo como lo puede ser el software privativo, aunque debido a la enorme bateria de “probadores” que tiene detras, hay opciones de software libre que son muy superiores a sus equivalentes privativos. Esto no es generalizable, pues cada aplicación tiene unas características propias que han de ser analizadas en cada caso, y lo que puede ser adecuado para un usuario, sería totalmente inoperante para otro.
Es en la accesibilidad a la información sobre los productos y los productos mismos, en los que podemos establecer nuestra libertad de elección.
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